Tianyu La noche se me hizo malditamente corta. Después de meses de caos, de dudas y de tener que esconder lo que sentía tras una máscara de frialdad, por fin la tenía donde pertenecía. A mi lado. En mi cama. Bajo mi protección.Me quedé un rato en silencio, apoyado sobre un codo, simplemente observándola. La luz tenue de la madrugada se filtraba por las cortinas, dibujando sombras suaves sobre su piel, esa misma piel que horas antes yo había reclamado centímetro a centímetro. Verla dormir así, tan serena y ajena al veneno que nos rodeaba afuera, me provocaba una satisfacción que no sabía cómo explicar.Había encontrado la felicidad en el lugar menos esperado, en la mujer que se suponía era solo un trámite, un reemplazo. Pero Yuna no era el reemplazo de nadie; ella era el centro de mi maldito mundo. No podía pedir nada más. Tenerla conmigo, sentir su respiración acompasada y saber que llevaba mi anillo en el dedo, era la única victoria que realmente me importaba.Me acerqué con cuidad
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