—¡Mamá, volviste! ¿Papá también vendrá? —preguntó Mila, con sus ojitos brillantes de esperanza.—Mamita, ¿Qué tienes? —añadió Lorena, mirándome con ojitos tristes.—No hay tiempo para explicaciones ahora, mis amores —les dije, agachándome para abrazarlos con una urgencia que seguramente los asustó—. Necesito que sean muy valientes y escuchen todo lo que les diga, sin hacer ni una sola pregunta, ¿entendido?Carmen apareció al fondo del pasillo, con el rostro desencajado al notar mi desesperación y la velocidad con la que mis manos temblaban. Me puse en pie de un salto y corrí hacia ella, tomándola por los hombros mientras la obligaba a mirarme a los ojos. El terror empezaba a filtrarse por cada poro de mi piel, pero no podía permitirme el lujo de colapsar.—Carmen, tienes que ayudarlos a empacar sus cosas más importantes, lo que quepa en un par de maletas pequeñas —le ordené, tratando de mantener mi voz lo suficientemente firme para que no sonara como un ruego—. Tenemos que irnos de aq
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