El sol ascendía cada vez más alto, calentando el asfalto del parque de atracciones, que poco a poco se llenaba del bullicio y las risas de los niños. En uno de los rincones, cerca del carrusel, Cassie permanecía de pie, envuelta en un voluminoso disfraz de oso de peluche marrón. La enorme cabeza redonda del traje le pesaba sobre los hombros y el calor dentro de la máscara era sofocante. Aun así, sus ojos permanecían fijos, observando a través de la pequeña malla que servía como único conducto de ventilación.—¡Atrapa a papá si puedes, Cheely! —resonó una voz grave, inconfundible para Cassie.Devatra, vestido con una camisa informal cuyas mangas llevaba remangadas hasta los codos, corría despreocupadamente sobre el césped. Detrás de él, Cheely corría entre carcajadas, intentando alcanzar el borde de la camisa de su padre. Ambos se movían con agilidad, dando vueltas entre la multitud sin prestar atención a las miradas ajenas.—¡Eso es hacer trampa, papá! ¡Tus piernas son demasiado larga
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