Cassie caminó lentamente hacia el borde de la cama, yang crujió suavemente. La respiración entrecortada de Devatra llenó sus oídos, aplastando los restos del orgullo que ella misma había construido desde la tarde. El hombre frente a ella se estaba muriendo. Y ya fuera por un cruel impulso del destino o por el remanente de un amor que no había muerto del todo, Cassie supo que no podía dar un paso atrás.
Con movimientos temblorosos, Cassie subió a la cama. Se colocó de rodillas, sentándose sobre