Cassie caminaba por la acera de una avenida de la capital que comenzaba a llenarse del ir y venir de vehículos. La luz del sol de la mañana le quemaba la piel, pero el frío en su corazón no desaparecía. Para aliviar el dolor que aún persistía en su cuerpo, decidió sentarse un momento en un banco de un parque público algo apartado, mientras esperaba el momento adecuado para dirigirse al parque infantil donde se encontraba Cheely.
Apoyó la espalda contra el respaldo del banco y, lentamente, cerró