Leo se recordó por centésima vez por qué estaba con Susan.Estaba embarazada. Iba a tener a su hijo y quería un árbol de Navidad en casa. Por eso estaba allí ese día. No para divertirse, sino porque era tan fácil perderse en su compañía, y tenía que admitir que disfrutaba muchísimo paseando por la ciudad con ella, comprando árboles, hablando de dónde comer, probablemente pareciendo ante el mundo una pareja de enamorados felices. Se sentía más cómodo con Susan de lo que debería, y le gustaba más de lo que debería.Ella se sentía más a gusto consigo misma que la mayoría de las mujeres que había conocido, y esa seguridad facilitaba que los demás se sintieran cómodos con ella. No pudo evitar pensar: en otro tiempo, en otro lugar, en otro mundo… en un mundo perfecto, las cosas habrían sido mejores entre ellos, y no tan complicadas. Pero en cuanto el pensamiento cruzó por su cabeza, lo desechó. Conocía demasiado bien los peligros de desear lo que no podía tener. Al llegar a su última parada
Leer más