Leo no respondió, con la mandíbula tensa y los puños apretados a los costados. Sus emociones eran un torbellino: incredulidad, confusión, algo que rozaba peligrosamente la ira. Sus ojos se posaron brevemente en el vientre, luego volvieron a su rostro, buscando respuestas que ella no le ofrecía.Susan parpadeó rápidamente, obligándose a respirar. Había ensayado este momento en su mente innumerables veces, imaginando lo que diría si volvieran a encontrarse. Pero no así.—Sí —respondió Susan finalmente, con voz temblorosa pero firme—. Nos… conocemos.Francesca arqueó una ceja, intuyendo que había algo más, pero no insistió. —Bueno, empecemos. Hace un frío que pela.Susan volvió a mirar a Leo, con una expresión indescifrable, pero su mano se posó instintivamente sobre su vientre, protegiéndolo. El sutil gesto fue como un golpe en el pecho de Leo.Se hizo a un lado para guiarlos hacia la puerta principal. Pero al girarse, la voz de Leo rompió el silencio de la llovizna, baja y penetrante.
Leer más