—Se está haciendo tarde —dijo Susan bruscamente, con voz fría y distante, evitando su mirada mientras jugueteaba con el borde de su suéter.
Leo frunció el ceño. Se echó hacia atrás, observándola con esa mirada penetrante que siempre parecía traspasarla. Supo de inmediato que algo andaba mal. —De acuerdo —dijo lentamente, con un tono tranquilo pero inquisitivo—. ¿Qué hice esta vez?
Su corazón se encogió ante la pregunta. El hecho de que no lo supiera ya demostraba lo poco que la entendía, o lo po