—Sí que me necesitas, Suzy —replicó con calma, su libido reaccionando a la vibración de la energía sexual en el ambiente, de modo que tuvo que reprimir el impulso de simplemente agarrarla. Todos esos años de práctica y sofisticación sexual, pensó con amargura, y lo único que quería era aplastarla contra el asiento como un saqueador y poseerla como ella se lo permitiera. Por primera vez en su vida con una mujer, estaba siendo cauteloso.
—¡No, no te necesito! —le gritó Susan furiosa en uno de esos