Tomó un sorbo de café, entrecerrando los ojos al mirarla fijamente. Ella se alegró de que aún estuviera detrás de la isla de la cocina.
—¿Y qué se supone que significa eso? —preguntó.
Sara soltó una risita que le sonó forzada. —Quiero decir, no tienes que hacer esto... de tranquilizarme. De verdad que no espero que me hagas sentir que quieres que esté aquí para siempre ni nada por el estilo… —Sus palabras se desvanecieron, perdiendo algo de la vehemencia con la que había empezado.
Rodeó la isla