El fin de semana había pasado para Cassy como un sueño febril, una neblina de la que no lograba despertar del todo. Cada vez que cerraba los ojos en la seguridad de su habitación, el sonido de la navaja de Draven abriéndose —ese clac metálico y seco— resonaba en sus oídos. El lunes por la mañana llegó con un cielo plomizo, cargado de nubes que amenazaban con una lluvia que no terminaba de caer, otorgándole a la ciudad un aire melancólico y opresivo.
Cassy se preparó para la universidad con mov