La mañana llegó demasiado rápido. Cecelia estaba de pie frente a la ventana de su habitación, contemplando la ciudad que comenzaba a despertar. Sus dedos rodeaban con fuerza la taza de café que había perdido el calor hacía varios minutos. Su mente seguía ocupada por la imagen de Damian la noche anterior. La mirada de aquel hombre. La confusión reflejada en sus ojos. Y el nombre que, desde hacía mucho tiempo, debería haber permanecido enterrado en el pasado. Olivia. Cecelia apretó los puños. Sí, la persona que había estado observando a Damian en silencio la noche anterior había sido ella. —No... —murmuró en voz baja—. No puedo permitir que todo vuelva a ser como antes. Siete años. Durante esos siete años, siempre había permanecido al lado de Damian. Lo había acompañado mientras intentaba reconstruirse después de perder a Olivia. Había sido la persona que nunca se apartó cuando él tocó fondo. Y aunque Damian jamás le había concedido un lugar verdaderamente especial en su vida, C
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