Miro a Alex con desazón, sintiéndome un poco dividida, porque, aunque quiero estar con ella, también quiero escucharlo.―Tengo que contestar ―digo, y él asiente. ―Pediré de comer entonces ―dice, alejándose hasta el otro extremo, donde se encuentra la cama y una mesita con alguna especie de carta de servicios.Le veo entretenerse con eso y yo procedo a contestar. ―Hola, mamá ―hablo. ―¿Ya vienes a casa? ―pregunta, y noto una exaltación en su tono. ―Eh… no, todavía. Me demoro un poco ―respondo, y justo en ese momento Alex empieza a hablar, haciéndome sentir como si hubiese sido sorprendida en una flagrancia. ―Ah, bueno ―responde mamá―. Seguro que sí te demoras mucho. ―Mamá… ―Tranquila, cielo. Te llamaba porque Anna vino a vernos. ―¿Anna? ―Sí, llegó para cenar y lo hemos hecho juntas. ―¡Eso es bueno, mamá! Que esa ingrata se acuerde de nosotros.―Sí, me ha alegrado verla. ―Se te nota ―prosigo, y ella sonríe. ―Diviértete, cariño, y cuando vengas, cuéntame quién es. ―Está bien,
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