**LEONOR**El frío de la columna de mármol a mis espaldas contrastaba de forma violenta con el calor abrasador que emanaba del cuerpo de Casper. Su peso me mantenía inmovilizada, atrapada en un abrazo forzado que ninguno de los dos intentaba deshacer. El sonido de la tormenta sobre el lago de Como parecía amortiguado por el ritmo salvaje de su corazón, que golpeaba con fuerza contra mi pecho. Su mano derecha, que había subido para amortiguar mi caída, seguía enredada en mi nuca, presionando con una firmeza posesiva que me impedía desviar la mirada.—Suéltame, magnate —susurré, aunque mi propia voz me traicionó, sonando sin aliento, rota por la proximidad de sus labios.—No —respondió él, con una gravedad gélida que vibró directamente en mi piel. Sus ojos oscuros, habitualmente desprovistos de emoción, eran dos pozos de deseo contenido—. No te voy a soltar para que vuelvas a descalibrar el orden de esta casa con tus reclamos.—Le asusta lo que digo porque es la verdad —le espeté, forza
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