**LEONOR**El aire frío del balcón milanés me devolvió la cordura, pero no la calma. Sostuve la barandilla de piedra húmeda con los dedos entumecidos, sintiendo el eco del beso de Casper latiendo con fuerza en mis labios hinchados. Me había tomado por la fuerza, arrastrado por unos celos posesivos que su software no pudo encriptar, creyendo que con su agresión territorial lograría quebrantar mi soberbia. Sin embargo, la farsa de su superioridad corporativa había quedado expuesta en el caos de su respiración y en esa frente apoyada en el mármol. No me había domado; se había entregado.—No vuelva a tocarme así, señor Della Torre —le siseé, acomodándome la estola de terciopelo oscuro con un movimiento pausado, forzando a mi voz a recuperar su distancia tajante—. Sus millones le compran el silencio a la junta de Zúrich, pero a mí solo me demuestran que es un bárbaro embozado en seda.Casper se incorporó con lentitud, recuperando la rigidez de su porte aristocrático con una rapidez que me
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