Capítulo 53. Nadie toca a mi esposa.
Valeria arañaba. Mordía. Pateaba. Parecía poseída por una fuerza salvaje e inhumana. Sus uñas se clavaron en el cuello de Elías, buscándole los ojos.—¡Suéltame! ¡Suéltame, infeliz! —chillaba, retorciéndose en el piso.Elías la inmovilizó contra el suelo, usando todo el peso de su torso para aplastarle los brazos, pero el dolor en su propio cuerpo era inmenso.—¡Camelia! ¡Corre! —rugió Elías. La voz le salió desgarrada, con un hilo de sangre asomando por la comisura de la boca.La sangre comenzó a empapar la camisa de Elías con una rapidez alarmante. La bala había atravesado el hombro derecho, dejando un agujero limpio que manchaba la tela de un rojo oscuro y brillante. El dolor era un fuego que le devoraba el brazo, pero él seguía sujetándola con las fuerzas que le quedaban.—¡CORRE!Camelia reaccionó. El grito de Elías la sacó del estupor. Su instinto protegió primero al bebé. Se llevó las manos al vientre, encogiéndose, y se obligó a moverse. Corrió. Su tobillo protestó de inmedia
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