Leon no respondió a la pregunta de Clara. Simplemente salió de la habitación de su hija y caminó hacia la puerta principal.
Tomó una chaqueta gruesa del armario cerca de la entrada, y luego llamó a su chofer privado.
—James, salimos ahora.
—¿Con qué propósito, señor?
—Buscar a alguien.
El coche negro avanzaba lentamente por las calles de la ciudad. León iba sentado en el asiento trasero, inquieto. Sus dedos golpeteaban su muslo una y otra vez. Sus ojos no podían dejar de moverse, escudriñando c