Capítulo 33: LA PREPARACIÓN LEYLA Krul se acerca, su respiración agitada golpeando mi rostro. Sus ojos buscan en los míos una duda, una grieta, pero no encuentra nada más que fuego.—Dile a tu rey que ha condenado a su hija —le grita al heraldo sin apartar la vista de mí—. Porque si los elfos entran por esos túneles guiados por su traición, no habrá rescate triunfal. Habrá una masacre. Y ella, su posesión más preciada, será la primera que verán morir ante sus ojos antes de que yo entregue mi cabeza. ¡Vargheim será su tumba y la de ella!Me acerco al heraldo, mi rostro endurecido por una resolución que no conoce fronteras. El viejo Osric retrocede gateando por la nieve, asustado no por la bestia que es mi hombre, sino por la loba en la que yo me estoy convirtiendo. El corazón del lobo que late en mi pecho, ese que se ha anudado al de Krul, exige retribución.—Dile a Aldric —mi voz resuena en todo el patio, amplificada por el silencio sepulcral de los guerreros— que ya no tiene una
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