CAPÍTULO 37: MORIRÉ CONTIGO
LEYLA
Quizás no era el momento de pensar en hacer el amor, y quizás nunca lo vuelva a ver porque el mañana para nosotros es incierto; la espera me asalta con un beso hambriento, una colisión de labios que sabe a despedida y a una promesa de carnicería. Es un beso rudo, urgente, donde nuestras lenguas se entrelazan con una desesperación que busca absorber la esencia de la vida misma antes de que el sol nos separe. Su mano se hunde en mi cabello, tirando con una fuerz