CAPÍTULO 34: EL ULTIMÁTUM DE VAELORN
KRUL
El sabor de la nieve y el hierro llena mi boca, una mezcla amarga que siempre precede a la matanza. Acababa de dejar a Leyla en el suelo, mis manos aún vibrando por la calidez de su piel y la firmeza con la que se había entregado a mí frente a mis hombres. No había sido un acto de amor cortesano, de esos que los poetas de su tierra cantan en banquetes aburridos; había sido un reclamo salvaje, un sello de propiedad y una promesa de que, si íbamos a mor