CAPÍTULO 38: SANGRE EN LA NIEVE
KRUL
El amanecer en Vargheim no es un parto de luz, sino una ejecución. El horizonte se rasga con una explosión de blancura cegadora, una incandescencia artificial que no trae el calor del sol, sino el frío estéril de las estrellas muertas. No hay advertencias finales. No hay embajadores de paz ni parlamentarios de última hora. El maldito príncipe Vaelorn es un ser de palabra helada y hoy ha decidido que mi hogar debe ser borrado del mapa.
Un silbido agudo, un