Al cruzar las puertas del centro de escalada, Bea quedó maravillada, a su pesar, el lugar era impresionante: techos altísimos, amplitud envidiable, zonas diseñadas para niños, muros verticales para adultos, incluso una zona de mayor dificultad. A simple vista se notaba que las medidas de seguridad eran de estándar internacional. A lo lejos, Bea vio una cafetería con un diseño moderno, ideal para relajarse y compartir un café después de un buen… ¡Basta! se reprendió mentalmente, sacudiendo la cabeza. Ella no venía a entrenar, venía a espiar.En ese momento, un chico, claramente un adolescente, se acercó a ella a paso rápido, le pareció a Bea que el chico la miraba rarito… ¿devoción? no, no podía ser.-Bienvenida, idola -le dijo con los ojitos brillando de admiración pura –. Por favor, sígueme. Gabriel y sus amigos están en la sección profesional del fondo, te están esperando. Bea arrugó la frente, estaba intrigada. A medida que avanzaba detrás del muchacho, el ambiente a su alrededor
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