—El penthouse se sumió en un silencio tan profundo que Lucía podía oír el tictac del reloj en la pared. Adrián permanecía de espaldas a ella, su espalda rígida como una estatua de mármol. Los minutos pasaron, y ninguno de los dos se movió.Finalmente, Lucía dio un paso adelante. Su voz era apenas un susurro.—Adrián, por favor, dime algo.Él no se volvió. Cuando habló, su voz sonó extraña, distante.—¿Cuánto tiempo has sabido la verdad sobre tu familia?Lucía sintió que el aire se escapaba de sus pulmones.—Nada. No sabía nada de esto. Mi madre murió cuando yo era pequeña, mi padre se negó a hablar de su pasado. Nunca supe que trabajaban para tu familia.—¿Y crees que eso lo hace menos doloroso? —Adrián se giró lentamente. Sus ojos estaban enrojecidos, pero no había lágrimas. Solo una furia fría y controlada que asustaba más que cualquier grito—. Tu familia ayudó a la mía a ocultar un asesinato. Mi madre está muerta porque alguien como tu padre decidió que el dinero valía más que una
Leer más