—El silencio que siguió a las palabras de Victoria fue tan denso que Lucía podía oír los latidos de su propio corazón. Adrián permaneció inmóvil en el umbral de la sala, sus ojos oscuros alternando entre las dos mujeres con una intensidad que cortaba el aire.
—¿Qué verdad? —preguntó él, su voz apenas un susurro cargado de peligro.
Victoria dio un paso adelante, pero Lucía la detuvo con un gesto. Ya no podía esconderse más. El momento había llegado, aunque no fuera como lo había imaginado.
—Adri