—Camina.La voz de Darius sonó fría detrás de ella.Josselyn no respondió. Solo aceleró el paso, intentando igualar la zancada de los soldados que la escoltaban.—Más rápido —la apremió uno de ellos.Josselyn casi tropezó. Con las manos atadas, le resultaba difícil mantener el equilibrio.—Puedo caminar sola —replicó con brusquedad, apartando su brazo del agarre áspero.—No —interrumpió Darius sin volverse—. No se puede confiar en ti.Josselyn apretó la mandíbula. Le dolió el pecho al ver al Jefe de los Caballeros, que hacía poco había conversado con ella con calidez, tratarla ahora con tanta frialdad.El pasillo por el que avanzaban se volvió cada vez más desierto. Las antorchas eran escasas, el aire húmedo y helado. El miedo empezó a trepar por el pecho de Josselyn.—…¿A dónde me llevan? —preguntó, esta vez en voz más baja.Nadie respondió.Tras un silencio sofocante, se detuvieron frente a una enorme puerta de hierro. El corazón de Josselyn se hundió.No pensarán encerrarme aquí, ¿
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