La brisa de la tarde soplaba con suavidad en el jardín del palacio. Las hojas de los rosales, que comenzaban a amarillear, se mecían lentamente, mientras la luz del sol se inclinaba hacia el oeste, reflejando un tono dorado sobre el pequeño lago en el centro del jardín.Josselyn caminaba despacio por el sendero de piedra.—Qué extraño… —murmuró en voz baja.Su cabeza se sentía un poco pesada desde el mediodía. Pensó que era solo un efecto psicológico tras el encuentro con su tío, pero la sensación de calor en su cuerpo no hacía más que intensificarse.—¿Por qué mi cuerpo se siente… tan caliente?Suspiró e intentó ignorarlo.Al girar en una curva del jardín, se escucharon pasos desde la dirección opuesta.—Lady Josselyn.Josselyn alzó la cabeza.Un hombre alto, de hombros anchos, estaba frente a ella. Su cabello negro estaba cortado corto, como era costumbre entre los caballeros, destacando una mandíbula firme que hacía que su rostro pareciera severo.—Sir Darius.El hombre se detuvo f
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