—Lo consideraré.
La voz de Killian fue plana, pero firme. Ya no miraba el huso en la mano de Howarth, sino directamente a los ojos ámbar del hombre.
Howarth sonrió levemente.
—Por supuesto. Las decisiones importantes requieren tiempo.
Sebastian, de pie a su lado, añadió con calma:
—Pero no tenemos mucho, Su Alteza. Dos meses antes del invierno. Y el duque Corven sigue cerrando la ruta del sur.
Killian se recostó, sus dedos golpeando suavemente la mesa.
Josselyn lo observó. Pero no pudo contener