A la mañana siguiente, Akira despertó con una desagradable sensación de vacío en medio del pecho.Por unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo de su habitación. La tristeza seguía allí, intacta, como si hubiera decidido no abandonarla. Sin embargo, tenía obligaciones que cumplir.Se levantó, se vistió y se dirigió al salón de ensayos. Como cada mañana, comenzó a practicar la presentación que ofrecería esa noche. Sus movimientos eran precisos, elegantes y técnicamente impecables, pero les faltaba algo. La pasión que normalmente transmitía parecía haberse quedado en otra parte.Mientras giraba al compás de la música, no advirtió que alguien la observaba desde la puerta.Hana acababa de despedirse de Kenji y, antes de continuar con sus responsabilidades, decidió acercarse al salón de ensayos.Se quedó unos instantes contemplándola en silencio.Cuando la música terminó, Hana entró.—Buenos días.Akira se volvió y esbozó una sonrisa educada.—Buenos días, Hana-san.—¿
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