RUBI MONTENEGROEl día del Baile de Gala de la Fundación Solar llegó. Desde nuestra "charla" en el comedor, Ares y yo intercambiamos apenas el mínimo necesario de palabras cuando necesité preguntar cosas relacionadas con el evento. Parecía estar planeando algo, y eso me ponía nerviosa.A media tarde, mientras intentaba relajarme leyendo un libro, Mary tocó a la puerta de mi habitación.— ¿Niña Rubi? Llegó una entrega del señor Ares para usted.Entró empujando un carrito con una caja enorme, blanca, atada con una cinta de satén dorada. Había también una caja más pequeña, de terciopelo negro, sobre ella.— Gracias, Mary.En cuanto salió, me acerqué a la caja como si contuviera una bomba. Y, en cierto modo, la contenía.Abrí la caja más grande primero. Aparté las capas de papel de seda y tiré de la tela.Me quedé boquiabierta. No de admiración, sino de horror.Era un vestido beige. Un tono de "arena mojada" deprimente. La tela era pesada, cara, sin duda, pero el corte... era una ofensa.
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