RUBI MONTENEGRO
— Yo... acepto.
Las palabras salieron de mi boca como pedazos de cristal, cortándome la garganta. El sabor amargo de la derrota inundó mi boca. Me estaba vendiendo a Ares nuevamente. Pero era para salvar a un buen hombre de ser destruido por mi culpa.
Ares sonrió satisfecho.
— Excelente elección, señora Beckett. — Se apartó, tomando su celular. — Sabía que tomarías la decisión más racional.
Marcó el número y se puso el aparato en el oído, sin apartar los ojos de mí ni por un seg