RUBI MONTENEGRO
En cuanto la música terminó y logré soltarme de los brazos de Ares, busqué mentalmente una excusa para escapar de él.
— Necesito... retocar mi maquillaje — murmuré, sin mirarlo.
No esperé su permiso. Me di la vuelta y caminé lo más rápido que mis tacones me permitían hacia los baños, sintiendo su mirada quemar mi espalda expuesta hasta que doblé por el pasillo.
Entré a la zona reservada, que estaba vacía y silenciosa, lejos del ruido de la orquesta y de las risas falsas. Apoyé l