MadisonDespertar después de esa noche tuvo un sabor completamente distinto. No había rastro de la timidez del principio, ni de la tensión que solía flotar en el salón. Me encontré con la cabeza apoyada en el pecho de Brandon, escuchando el latido pausado de su corazón, mientras su brazo izquierdo me rodeaba por la cintura con una posesividad suave que ya se había vuelto mi rincón favorito en el mundo.Me moví un poco, intentando no despertarlo, pero en cuanto levanté la mirada, me encontré con su ojo azul firmemente fijo en mí. Estaba despierto, contemplándome en la penumbra de la mañana. Su máscara de seda negra se había caído por completo sobre la almohada, pero esta vez, Brandon no hizo el más mínimo ademán de cubrirse. Al contrario, me dedicó una sonrisa pequeña, una línea sutil que suavizó la rigidez de su rostro.—Buenos días —susurró, con la voz notablemente ronca por el sueño.—Buenos días —respondí, estirándome para darle un beso corto y tierno en los labios—. ¿Dormiste bie
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