MARIOPilar sale disparada con ese brillo travieso en los ojos, el mismo que me hace desear poder dividirme en dos y meterme en el caos desde el principio. Pero tras nuestra rápida charla en mi oficina y la sonrisita entusiasmada que me lanza, sé que me contará lo que trama más tarde.Me doy cuenta, un segundo después de volverme hacia Val, de que ya se siente natural confiar en ella de esa manera. La inmensidad del sentimiento me golpea como un ariete en el plexo solar y tengo que tomar una bocanada de aire adicional para serenarme antes de hablar.Val llena el espacio, estudiándome con sus ojos astutos. —Es un pequeño torbellino, ¿no?Tengo una segunda gran revelación en ese momento. No se me ocurre distanciarme de ella, ni decir algo casual como «es excelente en su trabajo» o «lo sé, y es muy difícil contratar en esta época del año». En todo caso, quiero acortar la distancia. Dejar absolutamente claro, sin involucrar al departamento de Recursos Humanos, que Pilar y yo somos... un e
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