Sus manos, grandes y cálidas, la estrecharon contra su pecho con una urgencia renovada.Omar ya no quería perder el tiempo en promesas vacías.Se separó apenas unos milímetros, lo suficiente para mirar sus cicatrices.Lejos de apartar la vista, las delineó con la yema de sus dedos con una lentitud reverencial.Su mirada era penetrante, inclinó la cabeza y las besó.Una a una, suavemente, curando con la humedad de sus labios los vestigios del sufrimiento.Ella sintió el calor de su boca, el rastro húmedo de su devoción, y no pudo evitar cerrar los ojos.Su cuerpo entero comenzó a temblar, sacudido por un deseo latente que ni siquiera ella misma creyó poseer, una corriente eléctrica que nacía de la imperiosa necesidad de pertenecerle.Y él seguía allí, besándola con una ternura infinita que disolvía cualquier atisbo de duda.Con un movimiento fluido, Omar sujetó su cintura.Samyra mantenía la cara agachada, abrumada por la intensidad del momento y por el temor a que la realidad rompiera
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