---Después de vomitar todo lo que había comido, así como cepillarme los dientes varias veces y tomarme una larga ducha relajante, fui a la cocina. Ya hacían algunos días que sentía un hambre casi exacerbada.Sí, tenía la miserable y triste impresión de que había engordado. Mierda, no quería volverme algo parecido a una pelota de fútbol. Pero, cuando veía la comida frente a mí, si tenía un olor agradable, no podía pensar en nada más que comer como una hambrienta.— ¿Se siente mejor, Señora? — Laura preguntó, aún preocupada, mientras yo me sentaba en una silla de la mesa de la cocina.— Sí — aseguré, dando una sonrisa amigable. No quería que se preocupara por mí—. Solo debo haber comido algo que me hizo mal. Pero no es nada por lo que debas preocuparte. Ya me siento mucho mejor, Laura.— ¿Puedo hacer algo para ayudarle? — preguntó, insegura, sin creer mucho en mis palabras, aunque fueran verdaderas.Las palabras de Laura me hicieron recordar algo: hambre. Mucha hambre. Y, pensándolo bi
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