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Después de vomitar todo lo que había comido, así como cepillarme los dientes varias veces y tomarme una larga ducha relajante, fui a la cocina. Ya hacían algunos días que sentía un hambre casi exacerbada.

Sí, tenía la miserable y triste impresión de que había engordado. Mierda, no quería volverme algo parecido a una pelota de fútbol. Pero, cuando veía la comida frente a mí, si tenía un olor agradable, no podía pensar en nada más que comer como una hambrienta.

— ¿Se siente mejor, Señora? — L
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