Apenas tuve tiempo de recuperar mi aliento cuando Dominic liberó mis labios de los suyos. Luego, en un segundo, ya me había puesto acostada boca abajo sobre sus rodillas, con mi trasero prácticamente levantado y ahora cubierto solo por mi bombacha roja hilo dental. Mi posición, sin duda, estaba más favorable para él que para mí, y Dominic no tendría piedad de mi trasero.— Creo que ya no quiero ser castigada — le dije a Dominic, intentando escapar de mis futuras nalgadas, ya pensando en lo pesada que era la mano de Dominic. Pero me impidió levantarme de la cama agarrándome por las caderas—. Bien podrías soltarme, dulzura, ¿sabes? La noche está agradable para ver las lindas estrellas en el cielo y todas las hermosas constelaciones, en vez de que me... de que estemos encerrados dentro de esta habitación. ¿Mi argumento era bueno? No lo era. Pero ¿quién podría juzgarme por intentar escapar de las nalgadas de un sádico demasiado animado para mi gusto?— ¿Para qué observar, como tú misma di
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