La cabaña permanecía en silencio.Por primera vez desde que todo había comenzado, no había disparos, ni sirenas, ni órdenes apresuradas.Solo el crepitar de la leña en la chimenea.Tomás y Nicolás seguían revisando los planos del Observatorio Saint-Michel en la habitación contigua. Gabriel dormitaba sobre una silla con varios documentos entre las manos, mientras Kessler descansaba después de horas de confesiones.Adrián salió sin hacer ruido.Sabía exactamente dónde encontrarla.Helena estaba sentada en el viejo columpio de madera del porche, envuelta en una manta gris.Observaba el bosque iluminado únicamente por la luna.Parecía tranquila.Pero él ya había aprendido que el silencio de Helena nunca significaba paz.Se acercó lentamente.—¿Puedo sentarme?Ella sonrió apenas.—Nunca me lo has tenido que preguntar.Adrián tomó asiento a su lado.El columpio se movió suavemente.Durante varios minutos ninguno dijo una palabra.Solo escuchaban el canto lejano de los grillos y el viento mo
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