C62-LA VENGANZA ES DULCE, PERO EL PODER ES ETERNOTadeo se soltó de su agarre y la empujó hacia atrás, con un movimiento que, aunque suave, denotaba una firmeza innegociable.—Estoy bien —sentenció, intentando cerrar el tema.Ximena, sin embargo, negó con la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a correr desbocadas por sus mejillas.—No estás bien, Tadeo. ¡Deja que te ayude!Él la miró directamente a los ojos y, por un segundo, la dureza en su mirada se suavizó, revelando un destello de vulnerabilidad.No obstante, el escudo volvió a levantarse tan rápido como había caído.—No puedes ayudarme, Ximena —respondió antes de darse la vuelta y caminar con paso decidido hacia su auto—. Nadie puede.Ximena se quedó petrificada en el lugar, observando la mancha de sangre que había quedado en el suelo.De repente, sintió un brazo rodearle el hombro con calidez y, al girarse y limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano, descubrió que era Emma.—Viste todo, ¿no, güera? —dijo Ximena, bajando
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