Isabelle apenas podía caminar a la noche siguiente. Sus muslos seguían pegajosos por los interminables orgasmos del día, y su coño, gratamente dolorido, palpitaba con cada paso. Sin embargo, en el momento en que Vivienne la llevó al lujoso baño de mármol comunicado con el estudio, un nuevo calor floreció entre sus piernas.La gran cabina de ducha tenía múltiples cabezales de efecto lluvia y una suave iluminación dorada. Vivienne abrió el agua caliente, dejando que el vapor llenara rápidamente el espacio.—Desnúdate para mí —ordenó Vivienne suavemente, con la voz resonando contra los azulejos.Isabelle se quitó el fino camisón de seda que llevaba, dejándolo caer al suelo. Vivienne hizo lo mismo, revelando su cuerpo perfecto: pechos firmes, cintura estrecha y ese coño suave y reluciente, ya húmedo por la anticipación.Vivienne se acercó y la besó profundamente bajo el chorro de agua caliente. El agua caía en cascada sobre sus cuerpos mientras sus lenguas se enredaban con humedad. Las ma
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