El cuerpo de Liora seguía temblando por los dos poderosos orgasmos que ya le habían arrancado cuando Damien y Elias intercambiaron una mirada ardiente por encima de ella.
—A cuatro patas, hermosa —ordenó Damien, con voz baja y ronca por la lujuria.
Liora obedeció; sus extremidades temblaban mientras se colocaba en el centro de la enorme cama. Elias se movió frente a ella, con su gruesa polla balanceándose pesadamente a solo unos centímetros de su rostro. Damien se arrodilló detrás, y con sus gr