Isabelle apenas podía caminar a la noche siguiente. Sus muslos seguían pegajosos por los interminables orgasmos del día, y su coño, gratamente dolorido, palpitaba con cada paso. Sin embargo, en el momento en que Vivienne la llevó al lujoso baño de mármol comunicado con el estudio, un nuevo calor floreció entre sus piernas.
La gran cabina de ducha tenía múltiples cabezales de efecto lluvia y una suave iluminación dorada. Vivienne abrió el agua caliente, dejando que el vapor llenara rápidamente e