Liora se despertó a la noche siguiente atrapada como en un sándwich entre dos cuerpos masculinos, cálidos y duros. Su coño y su trasero aún se sentían sensibles y llenos por la intensa doble penetración de la noche anterior. Unas líneas espesas de semen seco marcaban la parte interna de sus muslos, un recordatorio constante y obsceno de lo minuciosamente que había sido reclamada.
La gran mano de Damien sostenía posesivamente uno de sus pechos, mientras Elias la abrazaba como una cuchara desde a