La última noche de su acuerdo llegó envuelta en tensión y en una necesidad dolorosa. El cuerpo de Isabelle estaba deliciosamente agotado; sin embargo, cada vez que Vivienne la miraba, una nueva oleada de humedad se acumulaba entre sus muslos. Siete días habían destruido la rivalidad para construir algo mucho más peligroso.
Vivienne lo tenía todo preparado.
El estudio se había transformado: cientos de velas parpadeaban, sábanas de seda negra cubrían la gran cama, un espejo estaba perfectamente p