La joven daba vueltas y más vueltas sobre la inmensa cama, girando hacia un lado, luego hacia el otro, enredando sus piernas en las frías sábanas de seda. Nunca antes había sufrido tanto de insomnio como en ese preciso momento. Se esforzaba al máximo por cerrar los ojos, apretando los párpados hasta ver destellos de colores, intentando obligar a su cerebro a apagarse. Pero el ruido mental era ensordecedor.Ese ruido no le permitía conseguir un sueño placentero. Las imágenes de la gala, el rostro de Scarlett, las amenazas de Marcos Winchester y, sobre todo, el roce de las manos de Ian sobre su piel, bombardeaban su mente sin tregua. Estar así, atrapada en sus propios pensamientos, se sentía exactamente como estar encerrada en una habitación de paredes lisas en donde no había puertas, ventanas, ni ninguna salida visible.En medio de su desesperación por acomodarse, hizo un movimiento falso y brusco. La sábana tiró de su pie vendado. Un pinchazo agudo subió desde su tobillo inflamado has
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