Pero ese tipo de conexión tan intensa, esa tensión eléctrica que los había envuelto en la penumbra de la habitación, se rompió de golpe. Fue como si un cristal estallara en mil pedazos invisibles. De repente, Ian parpadeó, apartando la mirada, y el momento mágico entre los dos pareció desaparecer en el aire frío del penthouse.
Annie soltó el aire que tenía contenido, aturdida. ¿Había sido solo una confusión suya? ¿Un espejismo dictado por el agotamiento y la vulnerabilidad de la noche? Fuera lo