Los archivos antiguos de Ferreira Group tenían un orden que Dante reconoció como propio.Había entrado a la oficina del piso ejecutivo con la intención de revisar los contratos del trimestre anterior y en algún punto había derivado hacia los cajones del fondo, los que guardaban documentos de dos y tres años atrás, decisiones tomadas en un tiempo que su memoria todavía no recuperaba del todo.Leyó durante una hora.Los negocios los entendía. La lógica de cada decisión era clara, la estructura de los acuerdos, los márgenes que había elegido defender y los que había dejado moverse. Todo eso encajaba con quien era.Lo que no encajaba era otra cosa.El primero llegó mientras leía un acta de reunión del año anterior. Una línea al margen, escrita con su letra, que decía simplemente: confirmar con V antes del viernes. Nada importante. Pero debajo, con otra letra, más pequeña y más tensa, alguien había escrito: ya lo hablamos. La respuesta es no.Dante estudió esa letra.Era la de Valentina. L
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