Azael estaba allí, de pie a unos metros de distancia, con la mirada fija en las llamas que consumían el almacén. Había llegado esa misma tarde de su viaje, después de su competencia de natación. Samantha le había contado lo que estaba pasando, y él no había dudado en acompañarla.Ahora, veía lo que quedaba del almacén. Veía el humo, las llamas, los escombros.Y entonces, vio el cuerpo.Los bomberos ya estaban comenzando a trabajar, y algunos de ellos sacaban los restos del interior. Uno de ellos llevaba una camilla cubierta con una sábana negra.Azael sintió que el mundo se detenía. No necesitaba ver el rostro para saber quién era. No necesitaba que nadie se lo dijera.Su padre estaba muerto.Arkady Adler había muerto en esa explosión.—No... —susurró Azael, su voz apenas un hilo—. No puede ser...Samantha, al escucharlo, se giró hacia él. Vio su rostro, pálido como el de un fantasma, sus ojos fijos en el cuerpo que los bomberos estaban retirando.—Azael —dijo Samantha, su voz suave p
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