Las palabras de Alejandro cayeron como ácido sobre Alfonso. Ver a Lila, pálida y temblorosa, siendo arrastrada hacia la salida, desató algo primitivo dentro de él. Un rugido gutural brotó desde lo más profundo de su pecho. A pesar de estar en forma humana, el lobo interior tomó el control.Con un esfuerzo brutal, tiró de las cadenas. El metal crujió, y luego de tirarlo con todas sus fuerzas, finalmente cedió. Una de las argollas se rompió con un chasquido seco. La transformación llegó como una explosión: los huesos le crujían, el pelaje plateado le cubría todo el cuerpo, sus músculos se expandieron. En segundos, el enorme lobo gris y plata se irguió imponente, con los ojos rojos brillando de pura rabia.Sara dio dos pasos hacia atrás, congelada contra la pared. Intentó transformarse, pero la voz mental de Alfonso la detuvo como un latigazo:Ni se te ocurra.Su tono fue tan frío y amenazante que Sara se quedó petrificada, con los ojos muy abiertos.Alejandro, aun sosteniendo a Lila,
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