Elena regresó a la torre del Gamma mayor Eldric al día siguiente, con el corazón latiéndole con fuerza. El anciano seguía sentado en su gran sillón de madera oscura, con el rostro marcado por la duda. Cuando ella entró, él levantó la mirada lentamente, ya esperaba su visita.—¿Entonces? —preguntó Elena, deteniéndose frente a él—. ¿A qué conclusión ha llegado, Gran Señor?Eldric respiró profundo. Sin decir una palabra, abrió un cajón de su escritorio y sacó una carpeta gruesa de cuero. La sostuvo un momento en las manos, dudando, antes de extenderla hacia ella con cautela.—Esto no debe salir de aquí —advirtió con voz grave—. Si alguien se entera de que te mostré estos documentos, negaré haberlo hecho.Elena respiró hondo y tomó la carpeta con manos firmes. Se sentó frente al anciano, que la observaba con ojos escrutadores, como si todavía estuviera evaluando si podía confiar en ella. Abrió la carpeta y comenzó a leer con atención.A medida que avanzaba en las páginas, su ceño se fruncí
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